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Un viaje por el cerebro de un marihuanero

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Los efectos del cannabis dependen de la concentración de receptores que hay en el organismo.
El pasado 6 de septiembre, cientos de jóvenes se volcaron al centro de Bogotá a protestar por las medidas coercitivas anunciadas por el Gobierno Nacional, en conjunto con la Policía, que prometen poner en cintura a quienes portan la dosis mínima de droga establecida por la ley. Encendieron sus porros y protestaron porque, según el Gobierno, busca fortalecer la lucha contra el tráfico de drogas. Entendiendo que no es lo mismo un consumidor habitual de marihuana que de cocaína o bazuco o anfetaminas, nos pusimos en la tarea de indagar qué pasa en un cerebro que gusta del cannabis. Y esto fue lo que encontramos:
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Cuando una persona fuma marihuana, el tetrahidrocannabinol (THC), uno de sus principales componentes, llega a los pulmones y desde allí pasa a la sangre, que la transporta a todo el organismo, principalmente al cerebro, donde empieza a actuar casi de manera instantánea. Ya en el cerebro, el THC busca unos receptores específicos que se encuentran en todo el cuerpo, pero con mayor densidad en el sistema nervioso central y especialmente a nivel del hipocampo, un área responsable de la memoria. De ahí que la persona puede empezar a evocar con facilidad recuerdos, no siempre reales.

De igual forma, en pocos minutos, los receptores de la corteza cerebral son impactados por el THC, lo que permite que, de acuerdo con la concentración de estos, se produzcan modificaciones en los procesos cognitivos como el pensamiento y la conciencia, e incluso la memoria, que al sumarse a los efectos sobre el hipocampo pueden dar paso a la génesis de ilusiones o incluso de alucinaciones.

Simultáneamente, una concentración moderada de receptores a nivel del hipotálamo permite que se altere el apetito, por lo que, bajo sus efectos, la persona puede experimentar unas ganas incontenibles de comer en ocasiones alimentos específicos. En esa misma área también se regulan los niveles de algunas hormonas, lo cual estimula la secreción de testosterona, y así puede evidenciarse un aumento del deseo sexual.


Cerca del hipocampo están los ganglios basales, que también reciben el efecto de los principios activos de la marihuana, y en estos sitios pueden provocar algunas alteraciones en el movimiento; pero, principalmente, en esa capacidad automática para anticiparse a estos o para realizar una acción. Por esta razón, la persona puede percibirse torpe al moverse o manifiesta problemas para iniciar un movimiento o terminarlo. Un poco más abajo hay un núcleo llamado el estriado ventral que, al recibir el influjo de estas sustancias, puede estimular sentimientos de gratificación. Por esa razón, el consumidor experimenta una sensación placentera que invita a consumirla.


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