Quien se dio cuenta de que el pequeño Lázaro seguía vivo fue el operario de una funeraria. Al final, el cuerpo del niño no se desarrolló.

A finales de octubre una cruda historia que se originó en México empezó a dar la vuelta al mundo. Se trataba de un bebé prematuro que, según los médicos, había fallecido.

Tan seguros estaban de su dictamen que el pequeño Lázaro estaba muerto que lo enviaron a la morgue. Un funcionario que se iba a encargar de sus exequias fue quien le avisó a los padres que el niño seguía moviéndose; estaba vivo.

Desde aquel momento el bebé quedó en manos del área de cuidados intensivos neonatales, pues presentaba problemas intestinales.

Tras 36 días de atención, y una intervención quirúrgica, finalmente falleció. “Su intestinal nunca se pudo componer, a pesar de que le hicieron la cirugía, le quitaron la parte dañada que tenía y pues no, se fue inflamando, inflamando”, explicó el padre de la criatura.

Desde el hospital en el que ocurrió la terrible equivocación dijeron que dos funcionarios habían sido sancionados. Además, que los padres recibieron una indemnización.

El IMSS, Instituto Mexicano del Seguro Social, manifestó que el bebé Lázaro, que nació a las 28 semanas de gestación, falleció por “una condición de prematurez extrema y la falta de desarrollo en el vientre materno”.



Fuente: Caracol tv 

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