Un farmacéutico llamado Steven Brandenburg, de 46 años, fue despedido del centro médico Aurora de Grafton, en Estados Unidos, luego de conocerse que destruyó deliberadamente 570 dosis de vacunas contra el coronavirus COVID-19.

Recientemente admitió los hechos y expresó sus motivos. Según el hombre, consideró que estas vacunas son “obra del diablo” y les dijo a los investigadores que sospechaba que el fármaco tenía microchips, podía afectar la fertilidad y hasta cambiar el ADN de los inoculados.

Pero estas no son las únicas ideas extremistas. La investigación reveló que Brandenburg tiene otros pensamientos polémicos como la idea de que los hechos del 11 de septiembre fueron un montaje y, la perla, que la Tierra es plana.

El juez del caso ordenó someter al hombre a un examen de salud mental.

Los cargos por separado suman una pena de 20 años de cárcel y medio millón de dólares de multa, pero los fiscales podrían recomendar un máximo de 4 años de prisión, la sentencia se conocerá en junio.

Se cree que unas 57 personas pudieron haber recibido vacunas potencialmente dañadas por la intervención de este sujeto.

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