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Laboyano se ordenará como sacerdote anglicano

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 El laboyano Luis Fernando Rojas, hermano del ex congresista Carlos Augusto quiere compartir con su pueblo la alegría de reencontrar la vocación sacerdotal después de varios años y ahora ha decidido terminar la formación que inició desde niño, para ordenarse como sacerdote en la iglesia Anglicana, así lo quiere compartir mediante la siguiente carta.


A MIS AMIGOS Y CONOCIDOS:

“Porque mis planes no son sus planes, ni sus caminos son mis caminos” Así lo dice el Señor (Isaías 55, 8)

Cuando era yo muy niño, recuerdo que de la mano de mi padre iba a la Iglesia para asistir a la santa misa. Muy atento, algo no muy usual en los niños, atendía la prédica del sacerdote. Poco a poco y con el tiempo, fui sintiendo que era llamado a ser como ese sacerdote. De hecho empecé a decir que quería ser padre. A mis siete años hice parte del grupo de monaguillos de mi parroquia y por supuesto más me afianzaba en la idea de querer ser sacerdote. Luego de la mano de un joven presbítero, fui al Colegio,  para la época, preseminario San Luis Gonzaga de la Mesa de Elías en calidad de interno. Épocas maravillosas e inolvidables en las que recibí formación humana y cristiana.  Cuando hube terminado los estudios de básica secundaria,  tomé la decisión de ir al seminario mayor de Garzón, para emprender mis estudios y formación hacia el sacerdocio. Allí pasaron siete años de mi primera juventud. Estaba convencido que el Señor me llamaba y yo era feliz de responderle. No era fácil, porque las exigencias eran duras, pero creía que valía la pena arriesgar por alcanzar la meta.

Al cabo de nueve años y luego de terminar los estudios de filosofía y teología, de haber hecho experiencia pastoral al lado de un virtuoso sacerdote, y de haber hecho la experiencia espiritual del movimiento de los focolares en Buenos Aires Argentina y en Lopiano Italia, y cuando me disponía a solicitar la ordenación diaconal, un sacerdote rector del seminario quien apenas llevaba diez meses de conocerme, decidió que yo no tenía signos de vocación y que en consecuencia no era admitido al orden sacerdotal. Golpe bajo y doloroso, nada fácil de asimilar. Sin embargo, y desde la fe, creí que era la voluntad de Dios, y acepté que mi vida no era para el sacerdocio ministerial.

Hoy, cuando han pasado ya 18 años de ese triste final, cuando felizmente he conformado una familia a la que amo, cuando el inexorable paso del tiempo ya se refleja en mi rostro, he vuelto a sentir en mis oídos una voz que me llama, una voz que seguramente jamás se extinguió y que hoy resuena nuevamente en mi vida.

Desde hace ya cinco años he venido en seguimiento y formación con la Iglesia Católica Apostólica de Tradición Anglicana en Colombia, que a través de su Arzobispo me abrió las puertas y me convoca hoy al sacerdocio ministerial de los sacerdotes casados. ¿Dios que se hace el encontradizo en nuestra vida, para manifestarnos su infinito amor y su ternura? Sin lugar a dudas. También hoy reconozco en esta nueva circunstancia de mi vida y desde la fe, la voluntad de Dios.

Es así como con gozo encendido y gratitud infinita al Padre Dios, quiero comunicarles a los que son mis amigos, mis conocidos, y en fin, a todo aquel que lea estas letras y se interese por ellas, que el próximo sábado 06 de octubre, recibiré junto con seis compañeros más, el ministerio del DIACONADO por imposición de manos y oración consecratoria del reverendísimo José Ricardo Morales Gaviria primado de Colombia y Arzobispo de la Arquidiócesis  El Buen Pastor con sede en el Líbano Tolima. La ordenación sacerdotal si Dios así lo permite será para la fiesta de San José en el mes de marzo, en la ciudad de Bogotá.

Pido una oración desde lo profundo de su corazón, para que El Señor “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5,45) ilumine mi camino y me dé la fortaleza suficiente para responder siempre a su llamado.

“Los diáconos deben ser hombres casados una sola vez, que sepan gobernar bien a sus hijos y sus propias casas; pues los que desempeñan bien su ministerio obtendrán un puesto de honor y mucha seguridad en la fe que tenemos en Cristo  Jesús” (1 Timoteo 3,12-13).

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