El primer alcalde abiertamente gay de Colombia, elegido en Toro (Valle) en 2015, es médico, uribista y religioso. Durante su campaña política visibilizó su orientación sexual, pero no quiso enfocarse en ella, pues “no iba a ser el alcalde de la comunidad LGBTI sino el de todos”. Una vez termine su mandato, planea trabajar con el Gobierno y luego convertirse en congresista.

La vida del médico Julián Antonio Bedoya dio un giro político hace cuatro años, cuando se convirtió en el primer alcalde abiertamente gay de Colombia. Ganó la elección de Toro (Valle) con 3.764 votos (el 52 % de la votación) y sentó un precedente en la participación política de las personas LGBT.


Junto a él fueron elegidos un concejal bisexual, una concejala trans en Chaparral (Tolima), una concejala lesbiana en Pereira (Risaralda) y una concejala en Miranda (Cauca). Aunque Bedoya nunca quiso ocultar su orientación sexual, tampoco quiere ser reconocido solo por eso, pues considera que es una etiqueta que deja por fuera varios de sus logros.

En las últimas dos décadas, más de setenta personas lesbianas, gais, bisexuales y trans habían intentado llegar a cargos de elección popular en municipios y departamentos y abonaron el terreno para que en las pasadas elecciones se diera un resultado electoral nunca visto sobre candidatos LGBT en las regiones. Además, hoy en el Congreso de la República ocupan una curul Angélica Lozano, senadora bisexual; y Mauricio Toro, representante homosexual.  A própisto del IV Encuentro de Liderazgos Políticos LGBT, consulte: En Venezuela es "imposible" hacer activismo LGBT

En entrevista con este diario, Julián Bedoya da su visión sobre la política, los derechos y la medicina. Es uno de los invitados especiales al IV Encuentro de Liderazgos Políticos LGBT en América Latina y el Caribe, que por primera vez se realiza en Colombia.

¿Por qué cambió la medicina por la política?

No es un cambio, es un complemento de mi vocación de servicio. La política ha sido manipulada para beneficio propio y sigo creyendo en el arte de servir como un principio filosófico y no financiero. Sigo ejerciendo medicina porque es mi vocación y muchas de las agendas en el despacho son para atender pacientes que confían en mi criterio médico.


¿Cómo ve la homosexualidad desde su visión de médico?

Afortunadamente ha sido retirada de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) como un estado patológico y se ha integrado a un escenario de la cotidianidad como algo natural, que ha existido desde siempre y que por radicalismos religiosos ha sido condenada como una peste. Ser homosexual no hace a la persona más ni menos, la convierte en un ser excepcionalmente íntegro, con capacidades y sentimientos.

Usted nunca se enfocó en el tema LGBT en campaña electoral. ¿Por qué?

Nuestra sociedad necesita garantías cuando va a decidir si vota por una persona para administrar el bien público. Esa garantía tenía que estar enfocada integralmente en todos los sectores. No iba a ser el alcalde de la comunidad LGBTI sino el de todos: niños, madres cabeza de hogar, pobres, ancianos, etc. Es importante visibilizar a la población LGBTI en Colombia, pero, sobre todo, para los que aún creen que nuestra condición es anormal y pecaminosa. Sigo luchando para que el estilo de vida personal no sea óbice de discriminación.

¿Sí se pueden transformar las realidades de las personas LGBT mediante la participación en política?

Claro que sí. A veces pareciera que los homosexuales solo sirven en la política para decorar, organizar fiestas, inflar bombas o hacer ramos. Esa mala práctica abusadora y denigrante es la que pretendemos dignificar, pues aquí está la muestra de la transformación de la realidad de las personas. Tener en Colombia personas abiertamente de la comunidad LGBTI es dar un mensaje a todos de que debemos ser actores principales en los procesos de cambio de nuestra sociedad.


¿Le gusta ser conocido como el primer alcalde abiertamente gay de Colombia?

Esa fue la noticia del 2015, pero creo que no era el primero, tal vez el primero que tuvo la gallardía de asumirse como era ante los ojos del país. No me incomoda ser reconocido como tal, lo único que me incomoda es que la noticia se transforme en amarillismo mediático sin analizar lo que hay en el trasfondo de ella. Aquí hay una persona que se formó como médico para servir y que ha logrado una gestión territorial para todos sin discriminar, aunque eso incomode incluso a algunas personas en mi propio partido.

“Marica” es una palabra usada para ofender a los gais y a usted intentaron descalificarlo con ella en su campaña. ¿Qué significa la palabra “marica”?

(Risas). Todavía es usada por quienes les duele que este “marica” haya logrado ganarse el corazón de los ciudadanos y haya logrado ser elegido alcalde. La palabra se ha popularizado tanto que aparece en el lenguaje coloquial. “Uno recibe la patada de acuerdo al burro”; por lo tanto, depende del “tonito” con el que se diga se asume su contenido. Cuando me siento agredido con la palabra, que lleva como contexto la discriminación y el agravio, se me sale el Bedoya y defiendo mi condición duélale al que le duela.

¿Qué piensa hacer ahora que acabe su período como alcalde?

Estoy estudiando una maestría de Gobierno del Territorio y Gestión Pública en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y aspiro a tener la oportunidad de trabajar con el Gobierno o con una entidad, donde sirva para aportar algo. Creo que en unos pocos años quisiera llegar al Congreso para seguir trabajando por nuestra Colombia integral e igualitaria.

Tomado de El Espectador