Aislado en su casa en Nueva York, Carlos Zambrana Torrelio, ecólogo boliviano radicado en Estados Unidos desde hace 10 años, habló vía WhatsApp con medios nacionales,  sobre cómo la destrucción de la biodiversidad por parte de los humanos crea las condiciones para que surjan nuevos virus y enfermedades como el covid-19.

Como vicepresidente de EcoHealth Alliance, una organización con sede en Nueva York que monitorea la relación entre la vida silvestre y las enfermedades emergentes, ha estado en África, Malasia, México y Brasil monitoreando esos saltos zoonóticos, pero también encontrando soluciones económicas para frenar la deforestación. 

Asegura que le gustaría trabajar un proyecto similar en la Amazonia colombiana.

El ecólogo boliviano, Carlos Zambrana, es vicepresidente de EcoHealth Alliance, una organización con sede en Nueva York que monitorea la relación entre la vida silvestre y las enfermedades emergentes.



¿Cómo la fragmentación del bosque aumenta el brote de virus en los humanos?

Trabajo en cuatro líneas de investigación, y todas están relacionadas en cómo las actividades humanas afectan los ecosistemas, por ejemplo, los bosques, y cómo esos cambios del bosque o los animales afectan la salud humana. Trabajo en Malasia, en donde se está cultivando la palma africana porque hay mucha demanda mundial de aceite que se usa para cocinar o para consumo de cosméticos o la producción de biocombustibles. Como ya todo está deforestado en la isla de Borneo, también lo están haciendo en Sabah, en donde el 40 por ciento de la isla también ha sido convertida en plantaciones de palma.

Al aumentar estas plantaciones aumenta la cantidad de gente que trabaja en el campo, y eso está cambiando el sistema. Ahora hay más huecos en donde se acumula agua y en donde hay mucho mosquito. Así es como la deforestación del bosque aumenta el número de casos de malaria en esos lugares.

La deforestación y la siembra de palma es una tendencia en muchos países. ¿Cómo frenar su impacto?
Claro, porque en el fondo, el principal problema es que tenemos una población que va creciendo y el reto está en alimentar toda esa gente. Además, con los nuevos programas de salud pública y las estrategias a nivel mundial para salir de la pobreza, mucha gente que antes era deprimida económicamente ahora tiene mayor poder adquisitivo y puede consumir más cosas. Lo primero que hacemos es abrir una carretera para, en teoría, llegar a una comunidad aislada a fin de que tenga acceso y pueda vender sus productos y mejorar económicamente, pero eso tiene unos impactos. Toda actividad humana que hagamos debe partir del principio de sostenibilidad, no podemos seguir pensando que nuestros recursos van a durar por siempre.

En Malasia estamos viendo cómo podemos generar incentivos económicos poniéndole un valor al servicio de salud y de control de enfermedades que ofrece el bosque en Malasia. Por ejemplo, el bosque ofrece un servicio ecosistémico que es el secuestro de carbono para reducir las emisiones de dióxido de carbono. A esto se puede añadir que si mantenemos el bosque en su estado natural, actúa como un regulador de enfermedades para humanos y eso tiene un valor económico.

¿Pasan muy seguido estos brotes?

El 70 por ciento de las enfermedades en humanos vienen de animales. De ese 70 por ciento, aproximadamente el 50 por ciento vienen de animales salvajes. Por ejemplo, el Mers, que originariamente estaba en murciélagos y pasó a camellos y, luego, a humanos. Después estuvo el Sars, que también salió de un murciélago a unos gatos que se llaman civets y, ahora, a los humanos, y actualmente tenemos este nuevo coronavirus. Sabemos que las infecciones de animales a humanos pasan muy seguido.

¿Cada cuánto ocurren y por qué no se registran?

Sé que existen por lo menos 2 a 3 veces por año, de acuerdo con nuestros cálculos, pero la mayoría no se reporta porque se cree que es una gripe y ya, pero puede ser zika, chikunguña, dengue, malaria. En Costa de Marfil, cuando estábamos trabajando este tema murió una mujer, preguntamos qué pasó y la gente dijo: “Enfermedad”. Les preguntamos qué enfermedad, y no saben. Sabemos que muchas veces no se detectan, no son reportados y pasan desapercibidos y solo reportamos aquellos que causan un problema muy serio cuando mueren más de 20 personas.

Lo que ocurre hoy muestra cómo nuestro impacto ambiental puede afectar gravemente la salud y la economía mundial. ¿Usted cree que por fin los políticos se van a tomar en serio el llamado de la ciencia?

Hoy todo el mundo habla del impacto económico de esta enfermedad, pero nuestra organización viene diciendo esto hace más de 10 años, y nadie escucha. Esperemos que con lo que está ocurriendo cambien las cosas. Esto es un llamado de atención a los gobiernos; ellos tienen que invertir en educación, en ciencia y en prevención si vamos a seguir haciendo estos cambios en los ecosistemas.

Pero, también debe venir de diferentes partes. Tenemos un solo planeta y somos parte de esto, cualquier cambio que hacemos al sistema nos afecta. Hoy no estamos hablando de que el principal consumidor de carne en el mundo es Estados Unidos y China, y que esa demanda produce deforestación en Suramérica. Hay tanto que hacer y hablar, pero creo que necesitábamos algo como esto que nos sacuda y nos saque de nuestros esquemas.


Por: Tatiana Rojas Hernández
ET. 

publicidad