El huilense de 23 años es la nueva gran promesa del Astana de Miguel Ángel López. Un premio al saber esperar, a los procesos, a las persistencia. Su carrera se propulsó el día que le llegó un mensaje por internet. Entrevista.

 

Harold Tejada alcanzó a pensar que el tren del World Tour no le iba a pasar. Los ciclistas de su generación, los de abajo, hasta los que no tenían tantas condiciones, daban el salto. Y mientras tanto él, paciente, seguía esperando su momento. Acostumbrado a estar entre las sombras, trabajando para los demás, siempre libre de los trámites de los egos, entendió que la inmediatez es uno de los peores rasgos del ser humano.

 

“Profe, pero igual no sé por qué a mí no me busca nadie”, le dijo hace un par de años a su entrenador y segundo padre David Vargas, quien se lo llevó a los 16 años a vivir con él a El Carmen de Viboral (Antioquia) a partir de un mensaje de Facebook.

 

“Le dije: ‘Vente para mi casa y te formamos aquí’. Y a los dos días ya estaba afuera de mi casa con todas sus cosas [risas]. Yo a Harold lo seguí por un año, porque veía que era un pelado que andaba con su papá y en las carreras era sexto, cuarto, segundo; nunca ganaba, pero siempre estaba ahí. Y me generó inquietud. ‘Ve, a este quién lo prepara, qué hace, tiene algo especial’. Aparte siempre serio, muy profesional. Me lo encontraba en los podios, en los controles al dopaje. Sabía que con un buen proceso podía llegar lejos”, recuerda Vargas.

 

Su madre, Gladys Canacue, era la alcaldesa de Pitalito, Huila. Su administración lideró escuelas de formación a las que Harold entró a los siete años. Así empezó a montar bicicleta. Y Alberto Tejada, su viejo, ya pensionado, estuvo detrás suyo vigilando que no le faltara nada. “Mi papá fue mi primer entrenador, él que siempre estuvo ahí conmigo, todo el tiempo. Y la persona que conocía mis mañas, me daba las comidas, todo. Pero en Huila no tenía mucho apoyo y como cosas de Dios ahí apareció David, fue un ángel. Lo conocí por internet: me mandó un mensaje en Facebook diciendo que era muy bueno y que me quería formar en Carmen de Viboral. Y se convirtió en mi padrino en el ciclismo”, rememora Harold, en entrevista con El Espectador, sobre aquel mensaje que le cambió la vida en mayo de 2014.

 

Siendo un adolescente sacó un apartamento. Pagaba arriendo, hacía mercado, se cuidaba con sus comidas. Se hizo adulto muy rápido, siempre tuvo claro su norte. Tiene un buen biotipo, es un buen escalador y un dotado en las pruebas contra el reloj. No por nada en 2019 fue el campeón nacional de crono y ruta sub-23. Y también se formó en la pista. Un ciclista completo.

 

“Y a pesar de todas esas condiciones, su gran virtud es la mentalidad que tiene. Un pelado que dejó su pueblo a los 16 años para cumplir su sueño. Y uno lo veía enfocado, nada de salir a fiestas, su comportamiento fue intachable. Desde los 15 años que lo conozco ha sido así. Tiene un temperamento muy fuerte para saber qué camino tomar”, añade David. ¿Lo primero que está haciendo Harold con su primer sueldo World Tour? Invertirlo todo en un apartamento. “Lo valoro mucho por eso, cualquiera estaría comprando un carro último modelo, ropa, lo que sea. Es muy maduro”.

 

Este tipo de cosas resumen la clase de profesional que es: en la Vuelta al Porvenir 2014 fue fundamental en el título de Brayan Hernández. Al año siguiente también lo fue en el de Julián Cardona. “Siempre estuvo a la sombra de las personas, a veces eso lo ponía a pensar. Pero le dije que tuviera paciencia. Luego, cuando pasó a la categoría sub-23, el objetivo era ganar el campeonato nacional de crono. Era segundo, tercero, segundo, cuarto en las carreras, no ganaba. Él no veía una evolución, pero si uno se pone a mirar, el ciclista sub-23 con más continuidad en 2018 fue Harold Tejada. Siempre estaba entre los diez primeros con los élites. Ganaban otros, pero él siempre trabajaba para sus compañeros élites. Harold es una personota como las hay pocas en el deporte. Vos sabés que los deportistas pasan por descabellados, él sabe a dónde va. Eso fue lo que más me atrajo de él. La vida nos ha enseñado que no tenemos que tener prisa, porque la respuesta llega cuando uno hace las cosas de corazón y con disciplina”, reconoció David.

 

Y así, sin ir demasiado aprisa, la respuesta llegó. En las filas del Astana, a sus 23 años, es uno de los jóvenes sensación que se han tomado el ciclismo mundial. Lo confirmó luego de su sexto puesto en el Mont Ventoux, que fue ganada por su compañero Alexandr Vlasov, producto de un trabajo imperial del huilense en las fugas y recortando ataques.

 

Hablan de Remco Evenepoel (20), Egan Bernal (23), Tadej Pogacar (21), Alexandr Vlasov (24), Sergio Higuita (23) y tantos otros jóvenes, entre esos él. Pero, como siempre, Harold no tiene afán: quiere respetar el proceso, el mismo que lo ha llevado a donde está. Valorando más la trama que el desenlace.

 

“El ciclismo moderno esta siendo dominado por los jóvenes, antes los corredores a los 28-30 años se revelaban. Ahorita la juventud marca la diferencia. No se por qué, creo que tiene que ser la ambición que tenemos. Pero yo quiero llegar lejos si Dios me lo permite, no retirarme a los 28 años. Hay gente que es sabia y dice que hay corredores que no llegan lejos porque los llevan muy rápido. Que cada quien disfrute a su manera”, reconoce la nueva gran estrella del ciclismo colombiano.

 

Su calendario: Giro de Lombardia y Giro de Emilia, dos clásicas italianas en las que espera dar de qué hablar, sobre todo en la primera. Luego tendrá unos días de reposo en la altura para preparar otro gran desafío, su primera carrera por etapas en el World Tour: la Tirreno Adriático.

 

La adaptación en el Astana no ha podido ser mejor. “Con Supermán López el ambiente es muy bueno, en enero y febrero también, pero ahora poco a poco, en estos últimos días, me he ganado su confianza y respeto. Sigo aprendiendo de Vlasov, Luis León Sánchez, Fuglsang, Aguirre y Vinokurov. En unos equipos solo se puede hablar en inglés, aquí el 60% de la gente habla español o italiano; eso ayuda mucho. En el equipo están felices conmigo y yo me siento respaldado”.

 

En Mount Ventoux dio muestra de sus condiciones, pero también de su personalidad. Tenía piernas para pelear la carrera hasta el final. “Cuando López dijo que no podía más, a mí me surgen dos puntos de vista: el de fanático y el de entrenador. Como fanático dije: tiró ocho kilómetros, quedan otros ocho y seguía seleccionando la carrera. Piernas tenía, porque terminó sexto. Pero como entrenador uno sabe que lo que hizo valió oro porque es una persona que cumple 100% las órdenes del director. Así siempre ha sido Harold”, las palabras de David.

 

Y nadie mejor que Harold para resumir su filosofía de vida -también historia- que se plasmó en sus decisiones en esa carrera. “Toca hacer las cosas bien, al pie de la letra, pienso que siempre hay que hacer todo el proceso. Primero trabajar por los demás hasta que tenga la oportunidad. Algún día trabajarán para mí... (pausa) o pues no sé”, cierra con modestia aquel niño al que le cambió su vida un mensaje de Facebook.

 

Por: Thomas Blanco Lineros- @thomblalin

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