A Sergio Andrés Bermeo, la vida le cambió hace dos meses y medio, cuando un disparo le arrebató a sus 25 años, la movilidad en todo su cuerpo. Hoy su familia pide ayuda para su tratamiento médico, mientras guarda la esperanza de “verlo caminar y bailar”, otra vez.

 

“El médico apenas yo llegué al hospital, me dijo de una vez, usted no va a volver a caminar, quedó cuadripléjico”, así comenzó Sergio Andrés Bermeo, de 25 años, relatando cómo el pasado 28 de junio, la vida se le partió en dos, “en un abrir y cerrar de ojos”.

 

Trabajaba en el campo, recogiendo café en Baraya, y ese día decidió inesperadamente llegar sin avisar a su casa en Neiva, agarró su moto y emprendió el viaje, pasaba por el barrio Alberto Galindo, decidió parar y saludar a sus tíos, cuando salía para La Arboleda, una bala impactó su cuerpo y se desplomó mientras conducía.

 

Consciente, pero sin saber qué pasaba, llegó al Hospital Universitario ‘Hernando Moncaleano’ tras ser auxiliado por sus familiares.

 

“Mi hermana me llamó gritando diciendo que a Sergio me lo habían matado y yo lo único que hice fue salir corriendo, sentí que el mundo se me vino encima. Llegué al hospital y dije que era la mamá y que necesitaba verlo y lo miré, él me preguntaba quién le había hecho eso, que porqué a él le había sucedido, me decía mamita quién fue y yo no sabía nada, no entendía qué pasaba. Cuando me vio llorar, él me decía mamita no llore, porque yo ahora la necesito más fuerte que nunca”, recordó su mamá, Doly Perdomo.

 

El diagnóstico, cuadriplejía, la bala fracturó vértebras cervicales (C5 y C6), y produjo una lesión medular completa. “Me dijeron que sus lesiones eran gravísimas, y que su daño era irreparable, yo me tiré al suelo a llorar, porque Sergio es muy joven, con mucho futuro por delante. Hay noches que he sufrido mucho, y lloro todo el tiempo por su situación, él a veces también se aflige y eso me ha causado tristeza y mucho dolor en mi corazón”, contó.

 

Ahora, la vida es “dura y complicada”, para la familia, los gastos en medicamentos son enormes, y Sergio, necesita terapias que aún no ha podido recibir.

 

Doly, tenía un local de venta de ropa en el Centro Comercial Los Comuneros, pero por la pandemia perdió su negocio. “No pude seguir pagando el arriendo y tuve que vender a precio de huevo todo, los maniquíes, la ropa, para poder recoger algo de plata. Mi esposo también se quedó sin trabajo por la pandemia, esperamos que pronto pueda tener un empleo”.

 

“Veníamos de llevar una vida muy normal y ahora todo es diferente. Él es como un niño, hay que asearlo, limpiarlo, usa pañal, cremas y las terapias se las realizamos la mamá y yo lo poco que hemos aprendido. Hicimos una rifa, y con ese dinero logramos pagar las primeras terapias, pero como cada día nos costaba 60 mil pesos ya no las pudimos seguir pagando, solo le pudimos pagar 20, todo ha sido particular porque no tenía EPS”, dijo Tatiana Narváez, su esposa, que se quedó sin empleo hace unas semanas.

 

“Durante estos días, Sergio quedó vinculado a una EPS, porque yo estaba trabajando, soy la cotizante y él es el beneficiario, pero este mes ya quedaría sin seguro, porque a mí me despidieron. Queremos que él sea vinculado al régimen subsidiado, que pueda contar al menos con el Sisbén, para que lo puedan atender”.

 

Para sobrevivir, la familia vende arroz con leche o hamburguesas, pero no es suficiente, pues “los gastos son bastante grandes”.

 

Debe recibir diariamente una solución inyectable de enoxaparina sódica, que impide la coagulación de la sangre que cuesta $160 mil, así como otros medicamentos costosos.

 

“A él se le debe aplicar diariamente una inyección, es un anticoagulante que ayuda a la circulación de la sangre y evita trombos que le podrían generar un paro cardiaco, entonces es fundamental para su salud este medicamento”, resaltó Tatiana.

 

La esperanza, lo último que se pierde

 

Ahora, su mamá solo pide un milagro para que su hijo vuelva a caminar. “Los médicos hacen lo que humanamente pueden hacer, pero sé que hay un Dios más poderoso y yo confío en él”, manifestó entre lágrimas.

 

“Necesitamos urgente las terapias, porque después de Dios, Sergio depende de eso, y la Nueva EPS, no nos ha autorizado aún las terapias y él necesita citas de neurología y otras cosas más. Tatiana ya va a perder el seguro y pues yo lo único que pido es que me colaboren”.

 

“Lo único que puede es mover su cabeza y con las terapias se podría lograr que mueva nuevamente los brazos y pueda ganar poco a poco movimiento y esperar con la ayuda de Dios que vuelva a ser el que era antes”, señaló su esposa.

 

Sergio Andrés, a pesar de las circunstancias que hoy atraviesa, mantiene su sonrisa, hace bromas y trata de ver la vida desde la esperanza, aunque no niega, que hay momentos en los que la depresión llega, y despierta “sin ganas de vivir”, pero siempre el amor de su familia y la fe en Dios, lo llenan de fuerza para continuar.

 

Lo que más extraña, es usar sus pies para realizar largas caminatas como lo hacía antes. “A mí me gustaba demasiado caminar, yo así tuviera plata, si podía llegar a algún lugar caminando lo hacía, así tuviera que atravesar la ciudad y si Dios me permite, el día que pueda volver a caminar, me voy a recorrer toda Neiva”.

 

“También me gustaba mucho bailar, por eso a veces cuando escucho una canción que me gusta, pido que apaguen el equipo de sonido, porque me aflige”, señala, aunque entre risas hace un esfuerzo por mover sus hombros y afirma que “el ritmo uno no lo pierde”.

 

“Yo nunca me he dejado achicopalar, yo tengo la fe de que voy a volver a caminar, Dios me va a dar otra oportunidad, yo no pierdo las esperanzas, yo no me voy a tirar a morir, solo queda seguir adelante. Yo soy consciente de muchas cosas y entre esas, es que esto será un proceso duro y largo, por a eso a veces me pregunto para qué seguir viviendo, pero pienso en que esto ya pasó y después de que yo tenga a mi familia conmigo y no me dejen solo, yo voy a estar bien”.

 

Si usted, desea ayudar a Sergio y a su familia, puede comunicarse al siguiente número de celular: 3187512173.

 

Tomado de LA NACIÓN


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