Las campanas de la iglesia Nuestra Señora de Los Dolores en Pensilvania, Caldas, suenan cada hora. Están así desde hace 58 años, luego de que el 30 de julio de 1962 un terremoto tumbara la torre del reloj. El sonido se convirtió en parte de la cotidianidad para muchos, pero para otros en un malestar, como el caso de una mujer que instauró una tutela para que se dejaran de repicar las campanas.

 

La principal razón para que la mujer iniciara la acción judicial es que, según ella, no puede dormir debido a que el sonido de las campanas le provoca dolor de cabeza. Esta iniciativa fue rechazada por algunos feligreses. Sin embargo, el Juzgado Promiscuo Municipal de Pensilvania falló a favor de la demandante. La decisión del Juzgado será apelada en segunda instancia.

 

“Nosotros creemos que las campanas deben continuar sonando, son parte de la cultura, de la tradición de nuestro municipio”, dijo Jorge García, alcalde de Pensilvania, a Noticias Caracol.

 

Desde la parroquia no comparten la decisión y alegan que la mujer no es nacida en el pueblo. “No estamos conformes con eso, me parece una cosa fuera de tono. La señora no es del pueblo, llegó apenas hace dos meses y la gente quiere seguir oyendo las campanas”, aseguró Libardo Flórez, párroco de la iglesia.

Fuente: EL ESPECTADOR 


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