En Canoas, humilde corregimiento de Pivijay (Magdalena), un grupo de no más de 10 jóvenes, así nadie lo notara, sacó la bandera tricolor, se congregó en medio de una calle polvorienta y se unió al clamor nacional que exige un mejor país para todos.

Los habitantes, especialmente los más viejos del pequeño pueblo, se burlaron al ver a los muchachos de edades entre los 18 y 21 años caminando en medio de altas temperaturas y gritando arengas contra el gobierno.

Durante la marcha, expresaban su inconformismo por el olvido en el que viven y la ilusión de un futuro con posibilidades para ellos y sus familias.

“Vayan a trabajar, eso no sirve de nada; nadie los va a escuchar y menos a prestar atención. Están perdiendo su tiempo”, les decían a los jóvenes que aún así seguían avanzando con su marcha.

El reducido grupo de manifestantes se concentró en la plaza y allí ondeó la bandera, quizás con la misma certeza que nadie sabrá de su acto de rebeldía, pero con una enorme satisfacción personal porque no fueron indiferentes a la difícil situación.

Esta nueva generación, que no pierde la esperanza, también se hizo sentir a la espera de que su grito de auxilio, que es el mismo que se escucha en todo los rincones del territorio, sea atendido y traiga un verdadero cambio.

Al finalizar su manifestación, los jóvenes regresaron a sus casas, siendo un ejemplo de que sí se puede protestar sin desórdenes, enfrentamientos ni caos.

Cabe indicar que Canoas, Magdalena es un territorio olvidado, con calles sin pavimento, sin alcantarillado, sin gas, con alumbrado público precario, un pueblo de todos y de nadie.

A pesar de que muy pocos cuentan con televisores, muchos están completamente enterados del momento de tensión que atraviesa el país entero.

Fuente: el tiempo

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