Seis meses han pasado desde que Dana Manjarrés, una samaria de 23 años, dio a luz, seis meses en los que ella asegura haber vivido un infierno.

Según le ha dicho Dana a los medios, las inquietudes sobre la muerte de su hijo recién nacido se generaron por supuestas irregularidades desde al parto hasta el momento en el que le informaron sobre el fallecimiento.

Luego de ser sometida a cesárea, por el nacimiento prematuro del pequeño, Dana y su hijo fueron internadas en una UCI en Santa Marta. Doce días después, cuenta, ella logró recuperarse, pero el niño no; falleció por complicaciones médicas.

Su incertidumbre nació porque una tía del niño quiso abrir el féretro y no pudo percibir el cadáver en su interior. Además, porque ella nunca vio a su hijo, tampoco ninguno de sus familiares.

También, porque hay, dice ella, irregularidades en los datos del nacimiento de su hijo y en una supuesta prueba de COVID-19 practicada al bebé el 15 de julio, fecha en la que ya estaba supuestamente sepultado.

Con todos esos elementos, Dana Manjarrés ha pedido claridad no solo a la clínica, también a la Súpersalud y a la Fiscalía.

De hecho, el 26 de enero una comisión adscrita a la Fiscalía llegó al cementerio San Jacinto de Gaira, en Santa Marta, para exhumar el cuerpo del bebé y poder esclarecer este hecho.

Y aunque el ente no ha emitido un comunicado oficial, Dana dijo a los medios que en el ataúd solo encontraron pañales, sondas y jeringas y ningún resto óseo que pudiera indicar que allí estaba sepultado el niño.

 “No sé lo que pasa, no entiendo nada. Mi corazón de madre me dice que mi bebé no ha muerto y yo solo quiero que se sepa la verdad para que termine esta pesadilla sin fin”, dijo Dana.

La clínica no ha respondido al llamado de medios como El Heraldo, que la han buscado para que responda por las dudas que genera este caso no solo en Dana Manjarrés, sino entre los habitantes de Santa Marta, entre quienes corre el rumor de que al bebé se lo robaron.

Tomado de: Caracol Noticias

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