Padres habrían entregado a su hija a
un cobradiario como garantía de pago: la niñ4 fue devuelta emb4razad4.
No es una escena de ficción ni un relato exagerado: es una
historia que, por su crudeza, estremece. En el corazón del Atlántico, donde el
calor aprieta y las deudas asfixian, un hecho denunciado por el alcalde de
Sabanalarga, José Elías Chams, ha dejado al descubierto un nivel de degrada¢ión
social que muchos preferían no ver.
Según el mandatario, unos padres, acorralados por una deuda
con un prestamista informal, habrían tomado una decisión que hoy causa repudiø:
entregar a su propia hija como “garantía de pago”. No hubo papeles, no hubo
contratos, solo un acuerdo oscuro en el que la niña terminó en manos de un
cobradiario. Durante semanas, entre 30 y 60 días la adolescente habría
permanecido bajo el control de ese hombre. Luego, como si se tratara de un
objeto devuelto tras su uso, fue regresada a su hogar… embąrazada.
El relato, expuesto tras un Consejo de Seguridad en Baranoa,
no solo es aberrante por lo ocurrido, sino por lo que revela: miedø, silencio y
una posible normalización de lo inaceptable. Lo más alarmante es que, hasta el
momento, el caso no ha sido denunciado formalmente ante las autoridades, lo que
deja en evidencia el poder que ejercen estos prestamistas y el temor que
paraliza a las víctimas.
“Una persona debe un dinero a cuentagotas y le entrega su
hija para que la use 30 o 60 días y luego se la entrega embarazada”, dijo el
alcalde, sin rodeos, con la indignación marcada en cada palabra.
Para Chams, este no es un hecho aislado, sino el reflejo de
una crisis más profunda: pobreza, falta de oportunidades y el avance de
economías ilegales que terminan devorando a los más vulnerables. Por eso, lanzó
un llamado urgente al Gobierno Nacional y a las autoridades departamentales
para intervenir de fondo la situación.
Pidió más presencia policial en Sabanalarga, mayor inversión
obligatoria en seguridad y, sobre todo, una estrategia integral que ataque de
raíz los abusos de los prestamistas informales, quienes, según advirtió están
cruzando límites inhumanos.
“Esto tiene que cambiar”, sentenció.
Porque cuando una deuda termina pagándose con la dignidad de
una hija, ya no se trata solo de inseguridad: se trata de una sociedad que está
tocando fondo.