Un sorprendente giro podría tomar la historia de la enfermera, Esmeralda Marín, encontrada sin vida en la capital del Huila. Aunque el caso fue manejado inicialmente como un suicidio, las autoridades tienen sus dudas y ya empezaron a catalogar el caso como un presunto feminicidio.
La escena para los investigadores del CTI de la Fiscalía que acudieron el martes pasado a la carrera 17 con calle 38 del barrio Gualanday fue impactante.
El cuerpo inerte de la mujer, de 38 años de edad, se hallaba suspendido de una pequeña soga que no superaba los tres centímetros de grosor. La cuerda colgaba de un tubo de aluminio donde se encontraba una cortina, que por las características posiblemente no podía haber soportado los 57 kilos que pesaba Marín Hernández. Sin embargo, presuntamente allí se quitó la vida, quedando de rodillas en la cama y atada de manos con unas esposas.
Inicialmente, basado en las versiones entregadas por su compañero sentimental, el policía Héctor Joel Urbano Perdomo, adscrito al CAI Estadio de Neiva, todo indicaría que la mujer producto de una discusión la noche anterior habría decidió quitarse la vida, sin que él pudiera evitarlo. Pese a que en reiterados momentos intentó dialogar con ella, no fue posible, pues ella lo impedía, tanto así que para lograr ingresar a la habitación, según él, fue necesario saltar por un balcón y violentar la chapa hasta llegar a la macabra escena de la cual él, no ha ‘logrado reponerse’.
Un amor condenado a muerte
La historia de amor de la pareja comenzó clandestinamente, no para Esmeralda, pues ella no tenía ningún compromiso, pero sí para Héctor, quien pese a haber negado a su esposa e hijos, sí tenía otra familia.
Un requerimiento policial en el billar de propiedad de la mujer, fue el punto de encuentro donde la pareja se conoció, pues desde entonces las visitas se hicieron continuas, ya no de forma oficial, si no con intereses personales, donde luego de algunos días inició el romance. Ese mismo que no duró más de seis meses y que hoy terminó con la muerte de la madre, enfermera, amiga e hija que todos lloran.
Antecedentes
Sin embargo, no todo fue color de rosa. Pese a que nunca denunció, Esmeralda habría sido víctima de maltrato físico y verbal. “Mi mamá a muchos nos decía que le tenía miedo a Héctor, que era mejor que no supiéramos como era él, y que ella quería alejarse por un tiempo, él la golpeaba, familiares fueron testigos, pero no sé qué paso, si no la quería mejor la hubiera dejado”, le dijo a LA NACIÓN Víctor Ninco Hernández, el hijo mayor de la occisa.
Inicialmente, el hombre con quien Esmeralda llevaba conviviendo aproximadamente dos meses, se presentó con otro nombre, tratando de utilizar una fachada u ocultando su verdadero presente. Sin embargo, días después la máscara se le cayó y pese a quedar en evidencia, la relación continuó. Héctor Joel Urbano es padre de dos niños, casado y desde el año 2003 pertenece a la Policía Nacional como patrullero; en la Metropolitana de Neiva lleva la mitad.
Desenlace fatal
“¿Tiene conocimiento si la señora Esmeralda ha sufrido algún golpe en los últimos días, es que tiene unos hematomas en piernas y brazos que nos parecen extraños?” fue la pregunta de uno de los investigadores del CTI, al hijo de la mujer, quien respondió de forma que no, y que esos golpes eran señales de alerta y que hablaban por sí solos de la verdad de lo acontecido.
De la tragedia, la familia se dio por enterada por redes sociales, cuando las fotos sin vida de la mujer inundaron las plataformas digitales, pues el hombre con quien convivía la víctima, no dio aviso a sus allegados.
El cuerpo de Esmeralda, al parecer, presentaba heridas en el cuello no propias de una soga, y en las manos esposadas había señales de posible violencia. Las extremidades inferiores y superiores también registraban algunos hematomas.
Son precisamente estos signos los que tienen a los investigadores del CTI de la Fiscalía asignados al caso trabajando en una hipótesis diferente a la del suicidio.
“Sólo pedimos justicia”
Con voz entre cortada, el hijo de Esmeralda reafirma que su progenitora no tenía motivos para quitarse la vida: “Mi mamá estaba a pocos días de graduarse como enfermera, era una mujer berraca, luchadora, sin problemas, sin deudas, no tenía una vida perfecta, pero tampoco deseaba quitársela. Ella no se mató, a ella me la mataron. La vida de mi mamá quedó en las manos de un policía criminal”.
Y agrega: “Para nosotros esto es lo peor que nos ha podido pasar. Es obvio que esto no es un suicidio, ella no lo hizo sola, hay pruebas, evidencias, hay rastros, hay señales de alarmas que deben ser atendidas para esclarecer la muerte de ella. No es posible que se vaya a quedar en una primera versión que es totalmente falsa y donde existen muchas inconsistencias”.
Según el joven, “existen fotos del levantamiento del cuerpo donde queda en evidencia las heridas que ella tenía, ella estaba arrodillada en la cama, esposada y ahorcada, además de muy bien arreglada, incluso en tacones. Uno no se arregla para matarse”.
Amores que matan
No es la primera vez que en Neiva se presenta un feminicidio, que inicialmente se manejó como un caso de suicidio. El caso fue el de la empresaria de motos eléctricas, Ginna Paola Manrique, ocurrido hace dos años. Durante los primeros días, el episodio fue catalogado como suicidio. Sin embargo, luego se comprobó que su esposo fue quien la asesinó y buscó hacerle creer a las autoridades que la mujer se había ahorcado.


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